Si tenés entre 20 y 35 años, seguramente pertenecés a la “Generación Odisea”. Así nos bautizó el Doctor William Galston- investigador de The Brookings Institution en Washington-, quien dice que la palabra “odisea” sintetiza la idea de exploración permanente. En su perpetuo discurrir, los vinculados al grupo de la adolescencia tardía, dejan de lado obligaciones que, se supone, son propios de esta edad. Es decir, según esta teoría, los que estamos en esta franja somos una especie de adultescentes con todas las implicancias que la segunda parte de la palabra tiene: negación al compromiso, poca afición a la relación de dependencia (en todo sentido) y postergación de deberes, entre otras. Cambiamos de carrera y de trabajo sin parar, buscando ESO que nos haga felices.
La Odisea, escrita por Homero, versa la historia de Odiseo (o Ulises). Terminada la guerra de Troya, emprendió la vuelta a su hogar, Ítaca, donde lo esperaba Penélope tejiendo y destejiendo. Pero en el camino se le presentaron incontables peripecias que, lejos de representar obstáculos hostiles, en todos los destinos era tentador quedarse. Pero no se quedó, siguió su camino aunque le llevó veinte años llegar. Nosotros tampoco nos quedamos con lo establecido y por eso la prolongada búsqueda.
¡LA FLANERA QUE MOLDEÓ A NUESTROS PADRES SE ESTÁ RAJANDO!
La mayor aspiración para ellos era estabilizarse en la vida. Para nosotros estabilizarse a la manera de ellos es ser esclavo del trabajo, vivir estresado y con la pasión apagada.
Algunos estudiosos de la psicología social, alegan que nuestra generación, se deja tentar con todas las opciones que tiene esta realidad globalizada para ofrecernos. Y al tomar un camino, no queremos descartar otros. Queremos pasar por todas la experiencias posibles. Sin embargo, no se puede decir que la llegada no existe. Sino que en la búsqueda está el objetivo. ¿Somos Odiseo camino a su Ítaca?
Con base eterna en casa de mamá y papá o sin compromisos a la vista, muchos vagamos por el mundo buscando, por ejemplo, la ola perfecta. Al contrario de nuestros padres, nos cuestionamos y planeamos una vida en un buen lugar para establecerse.
Desde su aparición, Internet es como un oráculo. Para todo tiene miles de respuestas. Y nos muestra el mundo en todos sus confines. Desde una silla podemos mirar todo lo que pasa en el punto más lejano que se nos ocurra; cómo se vive, costumbres, fotos, etc. Ahora, me pregunto: ¿No es tentador querer ir a ver? ¿No es lógico que uno se plantee que tal vez podría vivir en cualquier lugar? Es entendible porque hoy, más que nunca, el mundo es un pañuelo (nosotros, ¿Seremos los mocos?). Pensamos mucho en cómo y dónde nos gustaría vivir. La idea de una vida fuera de la ciudad, sin jefes a la vista, es uno de los planteos que más nos hacemos.
Muchas veces hemos sido testigo de cómo amigos que tenían una supuesta vida equilibrada, con un trabajo y una carrera desarrollada, dejan todo para ir a vivir a un lugar “equis” donde encuentran más placer que confort. O para largarse con un emprendimiento propio aunque se haga cuesta arriba.
Sentados a una mesa tomando mate hacemos memoria: Fede es “Licenciado en comercio internacional” pero pasa sus días viajando y sacando fotos que vende para vivir. A Santi le faltaba una materia para recibirse de “Licenciado en Administración” y ahí lo ves: en 2001, cuando fue la crisis, largó todo y se fue a Costa Rica. De ahí a una isla minúscula de Honduras; hizo un curso de instructor de buceo; se fue; hizo un curso de capitaneo de barcos y hoy vive de surcar los mares. El hermano tenía un “buen” trabajo en las oficinas del tren de la costa. Un día, proyectó con su cabeza una imagen de lo que sería su vida en los próximos cinco años. Y le dio miedo pensar en seguir malográndose en una oficina. Dejó todo y novia; se fue a Brasil; se casó con una brasilera y puso una posada cerca del mar: es feliz. Así podríamos seguir toda la tarde. Porque el magma de nuestra generación está en ebullición.
¿EL ÁRBOL NO NOS DEJA VER EL BOSQUE O DECIDIMOS MIRAR UNO POR UNO PARA VER SI ENCONTRAMOS UNA PALMERA?
Expertos de Estados Unidos dicen que nuestra exploración parece ser más por nuestro ego que por reales e inhóspitos territorios. Lo que muchos científicos no ven, es que la búsqueda comienza por nuestro ensimismamiento al no encontrar algo que nos satisfaga en el sistema. El afuera es tan duro que nos volcamos a nosotros mismos porque indagamos internamente hasta lanzarnos a otro afuera que nos sea grato; aunque sea jugadísimo. Ya sea en otro lugar físico o a través de un buen proyecto alternativo que nos dé la libertad que el sistema nos quita. La idea de emancipación que implica una forma de vida fuera del sistema nos atrae más que ser adultos a la manera de nuestros padres. Nosotros creemos que tiene que haber una realidad con las obligaciones justas pero también con más goces.
Si vimos In to the wild (un pibe abogado por mandato que decide irse a Alaska a pata), sabemos que en realidad sí hay un “norte”, una Ítaca, en esta generación. Lo que sucede es que, no existe una sola forma de encarar la vida. Según la generación anterior, ser libres e independientes era tener un buen trabajo para no pasar privaciones. Conforme a nosotros, tal vez, es no tener un patrón aunque esto implique pasar privaciones.
Escuchamos mucho que tener bajo el brazo una tabla de surf o de skate es un signo de inmadurez. ¿Y por qué no una forma de demostrar que ser adulto no es sólo estar diez horas encerrado, llegar a casa, comer y dormir? Estos deportes, lejos de hacer que nos aferremos a una infancia eterna, nos permiten complementar muy bien los compromisos que la vida de todas maneras nos exige, con los placeres lúdicos y de disfrute en grupos casi tribales unidos por el fanatismo.
Esta cambiando la forma de QUERER vivir. La manera de esforzarse para conseguir cosas y la idea de comprometerse con algo o con alguien, tomaron otro rumbo. No se han desvanecido.
Los teóricos europeos están preocupados porque los padres no pueden sacar a los hijos de sus casas hasta los 35. Y cuando se van deciden que no es necesario tener hijos inmediatamente. Hay mucha lógica en esto. La casa de nuestros padres es algo que debemos aprovechar a full: Es una base donde podemos dejar todos nuestros bártulos cuando nos vamos cuatro meses a Puerto Escondido sin preocuparnos por pagar todos esos meses de alquiler o expensas! Y es increíble como se nos van diez años volando mientras vamos explorando, de a poco, este Mundo tan diverso. Es que hay tantos pueblitos encantadores sobre playas espectaculares o montañas imponentes… ciudades impecables llenas de movidas culturales, empleos aceptables y gente interesante con buena onda.
Volviendo al tema de los hijos, no es lo mismo equivocarse o probar suerte ahora que cuando tengamos hijos, auto, departamento y todos esos gastos ineludibles. Y como dijimos, diez años es muy poco tiempo!!!!
Quizá, mejor deberíamos hablar de la generación que persigue el “Dorado”: esa utopía ideal que tal vez no existe pero a la que no renunciamos. Hay un slogan que dice: Imposible is Nothing. Entonces debemos tener la fe y los cojones suficientes; salir a buscar y encontrar nuestro lugar en el planeta, donde podamos autorealizarnos, tener la libertad suficiente y ser verdaderamente felices. ES INCOMPRESIBLE CÓMO LA SOCIEDAD ACEPTA DOS SEMANAS DE VACACIONES POR AÑO. Es FATAL pasar de no tener tiempo para nada, a tener tanto tiempo que no sabremos que hacer con él; a tal punto que tendremos pánico a jubilarnos. Necesitamos tener más tiempo libre AHORA. Y si eso significa no llegar a comprarnos ese auto canchero o el plasma, que importa!!!! Admirar tantos atardeceres increíbles por año vale mucho más que las anclas materiales. Después de todo, SI EL ORO NOS COMPRA TIEMPO, EL TIEMPO VALE ORO. Hay que tener la creatividad necesaria para ganar el oro de una manera independiente.
Eduardo Galeano, sublime escritor uruguayo, alguna vez apuntó: “Ella está en el horizonte. Me acerco dos pasos, ella se aleja dos pasos. Camino diez pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. Por mucho que yo camine, nunca la alcanzaré. ¿Para que sirve la utopía? Para eso sirve: para caminar”.
Vocaciones ideales para el adultescente:
Barman
Instructor de Surf, Snowboard o Yoga
Tatuador (también de henna)
Diseñador gráfico (free lance)
Handiman (jardinero-pintor-carpintero)
Fotógrafo (las playas del mundo están plagadas)
Músico.
Parte del Staff de revistas sobre deportes extremos.
La Odisea, escrita por Homero, versa la historia de Odiseo (o Ulises). Terminada la guerra de Troya, emprendió la vuelta a su hogar, Ítaca, donde lo esperaba Penélope tejiendo y destejiendo. Pero en el camino se le presentaron incontables peripecias que, lejos de representar obstáculos hostiles, en todos los destinos era tentador quedarse. Pero no se quedó, siguió su camino aunque le llevó veinte años llegar. Nosotros tampoco nos quedamos con lo establecido y por eso la prolongada búsqueda.
¡LA FLANERA QUE MOLDEÓ A NUESTROS PADRES SE ESTÁ RAJANDO!
La mayor aspiración para ellos era estabilizarse en la vida. Para nosotros estabilizarse a la manera de ellos es ser esclavo del trabajo, vivir estresado y con la pasión apagada.
Algunos estudiosos de la psicología social, alegan que nuestra generación, se deja tentar con todas las opciones que tiene esta realidad globalizada para ofrecernos. Y al tomar un camino, no queremos descartar otros. Queremos pasar por todas la experiencias posibles. Sin embargo, no se puede decir que la llegada no existe. Sino que en la búsqueda está el objetivo. ¿Somos Odiseo camino a su Ítaca?
Con base eterna en casa de mamá y papá o sin compromisos a la vista, muchos vagamos por el mundo buscando, por ejemplo, la ola perfecta. Al contrario de nuestros padres, nos cuestionamos y planeamos una vida en un buen lugar para establecerse.
Desde su aparición, Internet es como un oráculo. Para todo tiene miles de respuestas. Y nos muestra el mundo en todos sus confines. Desde una silla podemos mirar todo lo que pasa en el punto más lejano que se nos ocurra; cómo se vive, costumbres, fotos, etc. Ahora, me pregunto: ¿No es tentador querer ir a ver? ¿No es lógico que uno se plantee que tal vez podría vivir en cualquier lugar? Es entendible porque hoy, más que nunca, el mundo es un pañuelo (nosotros, ¿Seremos los mocos?). Pensamos mucho en cómo y dónde nos gustaría vivir. La idea de una vida fuera de la ciudad, sin jefes a la vista, es uno de los planteos que más nos hacemos.
Muchas veces hemos sido testigo de cómo amigos que tenían una supuesta vida equilibrada, con un trabajo y una carrera desarrollada, dejan todo para ir a vivir a un lugar “equis” donde encuentran más placer que confort. O para largarse con un emprendimiento propio aunque se haga cuesta arriba.
Sentados a una mesa tomando mate hacemos memoria: Fede es “Licenciado en comercio internacional” pero pasa sus días viajando y sacando fotos que vende para vivir. A Santi le faltaba una materia para recibirse de “Licenciado en Administración” y ahí lo ves: en 2001, cuando fue la crisis, largó todo y se fue a Costa Rica. De ahí a una isla minúscula de Honduras; hizo un curso de instructor de buceo; se fue; hizo un curso de capitaneo de barcos y hoy vive de surcar los mares. El hermano tenía un “buen” trabajo en las oficinas del tren de la costa. Un día, proyectó con su cabeza una imagen de lo que sería su vida en los próximos cinco años. Y le dio miedo pensar en seguir malográndose en una oficina. Dejó todo y novia; se fue a Brasil; se casó con una brasilera y puso una posada cerca del mar: es feliz. Así podríamos seguir toda la tarde. Porque el magma de nuestra generación está en ebullición.
¿EL ÁRBOL NO NOS DEJA VER EL BOSQUE O DECIDIMOS MIRAR UNO POR UNO PARA VER SI ENCONTRAMOS UNA PALMERA?
Expertos de Estados Unidos dicen que nuestra exploración parece ser más por nuestro ego que por reales e inhóspitos territorios. Lo que muchos científicos no ven, es que la búsqueda comienza por nuestro ensimismamiento al no encontrar algo que nos satisfaga en el sistema. El afuera es tan duro que nos volcamos a nosotros mismos porque indagamos internamente hasta lanzarnos a otro afuera que nos sea grato; aunque sea jugadísimo. Ya sea en otro lugar físico o a través de un buen proyecto alternativo que nos dé la libertad que el sistema nos quita. La idea de emancipación que implica una forma de vida fuera del sistema nos atrae más que ser adultos a la manera de nuestros padres. Nosotros creemos que tiene que haber una realidad con las obligaciones justas pero también con más goces.
Si vimos In to the wild (un pibe abogado por mandato que decide irse a Alaska a pata), sabemos que en realidad sí hay un “norte”, una Ítaca, en esta generación. Lo que sucede es que, no existe una sola forma de encarar la vida. Según la generación anterior, ser libres e independientes era tener un buen trabajo para no pasar privaciones. Conforme a nosotros, tal vez, es no tener un patrón aunque esto implique pasar privaciones.
Escuchamos mucho que tener bajo el brazo una tabla de surf o de skate es un signo de inmadurez. ¿Y por qué no una forma de demostrar que ser adulto no es sólo estar diez horas encerrado, llegar a casa, comer y dormir? Estos deportes, lejos de hacer que nos aferremos a una infancia eterna, nos permiten complementar muy bien los compromisos que la vida de todas maneras nos exige, con los placeres lúdicos y de disfrute en grupos casi tribales unidos por el fanatismo.
Esta cambiando la forma de QUERER vivir. La manera de esforzarse para conseguir cosas y la idea de comprometerse con algo o con alguien, tomaron otro rumbo. No se han desvanecido.
Los teóricos europeos están preocupados porque los padres no pueden sacar a los hijos de sus casas hasta los 35. Y cuando se van deciden que no es necesario tener hijos inmediatamente. Hay mucha lógica en esto. La casa de nuestros padres es algo que debemos aprovechar a full: Es una base donde podemos dejar todos nuestros bártulos cuando nos vamos cuatro meses a Puerto Escondido sin preocuparnos por pagar todos esos meses de alquiler o expensas! Y es increíble como se nos van diez años volando mientras vamos explorando, de a poco, este Mundo tan diverso. Es que hay tantos pueblitos encantadores sobre playas espectaculares o montañas imponentes… ciudades impecables llenas de movidas culturales, empleos aceptables y gente interesante con buena onda.
Volviendo al tema de los hijos, no es lo mismo equivocarse o probar suerte ahora que cuando tengamos hijos, auto, departamento y todos esos gastos ineludibles. Y como dijimos, diez años es muy poco tiempo!!!!
Quizá, mejor deberíamos hablar de la generación que persigue el “Dorado”: esa utopía ideal que tal vez no existe pero a la que no renunciamos. Hay un slogan que dice: Imposible is Nothing. Entonces debemos tener la fe y los cojones suficientes; salir a buscar y encontrar nuestro lugar en el planeta, donde podamos autorealizarnos, tener la libertad suficiente y ser verdaderamente felices. ES INCOMPRESIBLE CÓMO LA SOCIEDAD ACEPTA DOS SEMANAS DE VACACIONES POR AÑO. Es FATAL pasar de no tener tiempo para nada, a tener tanto tiempo que no sabremos que hacer con él; a tal punto que tendremos pánico a jubilarnos. Necesitamos tener más tiempo libre AHORA. Y si eso significa no llegar a comprarnos ese auto canchero o el plasma, que importa!!!! Admirar tantos atardeceres increíbles por año vale mucho más que las anclas materiales. Después de todo, SI EL ORO NOS COMPRA TIEMPO, EL TIEMPO VALE ORO. Hay que tener la creatividad necesaria para ganar el oro de una manera independiente.
Eduardo Galeano, sublime escritor uruguayo, alguna vez apuntó: “Ella está en el horizonte. Me acerco dos pasos, ella se aleja dos pasos. Camino diez pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. Por mucho que yo camine, nunca la alcanzaré. ¿Para que sirve la utopía? Para eso sirve: para caminar”.
Vocaciones ideales para el adultescente:
Barman
Instructor de Surf, Snowboard o Yoga
Tatuador (también de henna)
Diseñador gráfico (free lance)
Handiman (jardinero-pintor-carpintero)
Fotógrafo (las playas del mundo están plagadas)
Músico.
Parte del Staff de revistas sobre deportes extremos.
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